Todo un revuelo a nivel mundial ha resultado ser el curioso caso difundido por las redes sociales sobre un particular vestido a rayas que al parecer pone a prueba la inteligencia y el sistema nervioso de quienes nos hemos topado con la imagen, generando debates entre amigos y familiares sobre quién tiene la razón y quién al parecer, está loco.
Casi de manera simultánea aparecieron las explicaciones científicas sobre el por qué unos ven el vestido blanco con dorado y otros ven el mismo vestido azul con negro. Muchas teorías surgen al respecto pero todas coinciden con que la foto no es mágica ni nada por el estilo. Al parecer el vestido se encontraba expuesto bajo la influencia lumínica de un determinado color al momento de capturar la fotografía y esto genera una particular carga de información que deja a discreción del cerebro la interpretación de lo que el ojo está viendo. Para unos casos el cerebro decidió validar el color de las telas y en otros casos se inclinó por el color de la luz a la que se encontraba expuesto el vestido dándole una interpretación totalmente distinta a la anterior.
¿Quién tiene la razón? ¿Unos, otros, todos, ninguno?
De este caso se desprende también otra interrogante la cual quiero aprovechar para dejarla sobre la mesa. ¿En qué otros aspectos de nuestra vida estamos siendo víctimas de la interpretación que nos da nuestro cerebro, independientemente de la realidad del caso?
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Seguramente al revisar nuestras creencias actuales vamos a encontrar puntos de vista que estamos dispuestos a defender hasta con nuestra propia vida sin permitir duda ni debate alguno sobre ellas porque para nosotros es evidentemente claro que la verdad está de nuestro lado y quien opine lo contrario, pues se equivocó o está loco de remate.
Cada quien tiene posturas firmes e incorruptibles sobre aspectos políticos, deportivos, religiosos, sociales, sexuales, culturales, etc. La opinión que tenemos sobre estos temas no genera ningún tipo de dudas dentro de nuestra mente y es nuestra intención no sólo defenderlas, sino promoverlas y evangelizar a todo el que podamos para que descubra la verdad verdadera de la cual nosotros ya somos dueños.
Bueno y si ahora resulta ser que estamos siendo víctimas de otra discreción de nuestro cerebro que al encontrarse con un escenario influenciado por diferentes aspectos que componen una escena, pues él simplemente descarta unos y escoge otros para determinar un punto de vista específico? ¿Cómo quedan los giros si nuestra conducta y proceder ha sido moldeada bajo la influencia de un efecto óptico?
Vaya usted a saber qué puede pasar si de pronto cambiamos la luz que influenciaba nuestro escenario por un bombillo de otro color. Eso pudiera ser una catástrofe total, una demencia extrema o de repente una completa bendición que nos permitiría acercarnos a personas y lugares a los que antes no era posible llegar. De repente el concepto que tenemos de los demás y de nosotros mismos cambia de manera favorable el abanico de oportunidades que tenemos en frente, sólo por contar ahora con una actitud distinta sobre eso que llamamos la realidad.
Bien dice mi amigo y maestro Fernando Celis cuando hace referencia a una de las bases de la PNL sobre que “tu mapa no es el territorio” es simplemente la manera en como tu cerebro interpreta lo que están viendo tus ojos.
La próxima vez que te encuentres con una postura contraria a tu opinión, detente un momento antes de realizar una acción o emitir un juicio de valor y piensa si de pronto eres tú el que está viendo el vestido del color que no es. Tal vez un cambio de luz nos vendría bien a todos.
Por lo pronto, te deseo un feliz viaje… Ah por cierto, el vestido es blanco con dorado ¿ok? OK

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